El barniz de la realidad

Siempre me ha gustado mucho el bricolaje. Desde muy jovencito me gustó encargarme de instalar lámparas, arreglar enchufes o colgar cuadros. Yo era el niño de las herramientas. La verdad es que me hacía muy feliz sentirme útil y a mi ego le sentaba muy bien la admiración de todos y, sobre todo, la de mi madre.

A ver si no me voy por los cerros de Úbeda. De todas mis experiencias con las manualidades hay una que me gustaba especialmente. Me encantaba barnizar madera nueva. Aunque parezca absurdo, me hacía pensar. Algunos lo habréis experimentado como yo, es maravilloso observar como una capa de barniz cambia el aspecto de la madera. La veta que apenas se adivinaba, se resalta y aparece bien definida.

Eso es lo que está haciendo el COVID-19 con el mundo. Este virus se está convirtiendo en un implacable barniz que hace que se vean las “vetas” de nuestra realidad. En Estados Unidos ha sacado a la luz la total desarticulación social del país, las inmensas desigualdades económicas o la continuidad de su racismo fundacional que nunca quisieron reconocer y ahora no saben combatir.

En Europa, el barniz Sars Cov 2, ha hecho evidente una realidad que adivinábamos con cierto temor: la Unión Europea no existe. No es que se haya debilitado o esté en crisis, es que, simplemente, nunca ha existido. Ahora entendemos que es desmesuradamente pretencioso llamar “Unión Europea” a un acuerdo de libre comercio multilateral o al club de políticos jubilados (y bien pagados) que se reúne en Bruselas.
Y ahora vayamos a lo más jugoso. ¿Qué vetas ha revelado el COVID en España.

Seguramente, como pasa en la madera, hay vetas de distintos tamaños y colores pero, en mi opinión, la gran veta española que ha sacado a la luz el CORONAVIRUS, la realidad que vislumbrábamos y ahora resulta clara y diáfana, es la inmensa hipertrofia del aparato de los partidos políticos. Una hipertrofia que es, en sí misma, el riesgo más grave para nuestro futuro.

Me quiero detener a explicar tres puntos de esta afirmación. Entenderlos es lo que dará valor al barnizado y hará que haya merecido la pena soportar el “olor” del barniz SARS-COV2 y podamos dar por bien empleado quedarnos pegados e inmovilizados al rozarnos con él. Los tres puntos:

  • El problema es la hipertrofia no los partidos en sí.
  • El tamaño de la hipertrofia. El enorme tumor.
  • El riesgo para nuestro futuro y lo difícil que será superarlo.

Punto uno. Nuestro problema no es tener partidos, nuestro problema es que se nos da muy mal controlarlos y ponerlos en su sitio. Históricamente es algo que nunca se nos dió bien. Estaría muy bien, y deberíamos esforzarnos en conseguirlo, contar con partidos que tuvieran unas dimensiones razonables. Razonables en tamaño, poder, infiltración en la sociedad, poder sobre los medios. Todas esas dimensiones pueden ser razonables o, al menos, admisibles si no se van de madre. Si no se hipertrofian.

Es muy importante entender que la hipertrofia no es solo económica, también, y no se si es como condición necesaria o como consecuencia, se ha llegado a una concentración de poder en la cúpula de los partidos que se puede decir, sin exagerar nada, que ha usurpado manifiestamente la soberanía que, según la Constitución, reside en los españoles. La consagración de las listas cerradas, la disciplina de voto en todos los parlamentos y la inviabilidad para concurrir a elecciones con organizaciones que no sean partidos han relegado a los españoles a una democracia minimalista que solo se ejerce eligiendo un logo de un partido periódicamente.

Punto dos. El tumor es inmenso. El tumor es exageradísimo. La hipertrofia a la que me refiero es grandiosa. Un dato: en España, además de funcionarios y personal laboral de las administraciones públicas, hay, acogidos al concepto de “otros”, en los distintos niveles de presupuestos, más de medio millón de personas que viven de los impuestos. Lo voy a repetir, a ver si se nos queda la cifra, más de 550.000 personas designadas por los partidos, que no son ni funcionarios ni personal laboral, y que reciben su sueldo de distintas dependencias u organismos o partes de la Administración Central o la Autonómica o la Municipal.

Siento daros esta malísima noticia a la vuelta de estas extrañísimas vacaciones pero es lo que revela el barniz.

Foro Séneca, gracias al enorme trabajo que están haciendo mi gran amigo José Ramón Riera y su magnífico equipo, presentará en unas semanas un profundo y detallado informe en el que acreditaremos, con todo lujo de detalle, la naturaleza de este terrible tumor.

Y vayamos al tercer punto, el riesgo y la dificultad. Una estructura de medio millón de personas (unas 20 veces el tamaño de Telefónica) que consume, solo en nóminas, más de 20.000 millones de euros al año, no es fácil de manejar. La cirugía es imprescindible pero nada fácil de acometer. Merece la pena aclarar que estos veinte mil millones de euros, no incluyen las subvenciones directas a los partidos y sindicatos ni las desviaciones de fondos, legales o ilegales, que las administraciones hacen en favor de cuentas de empresas o personas.

La cirugía es tan importante como para que durante un tiempo, solo durante un tiempo, nos olvidemos de otros achaques menos relevantes del enfermo y nos concentremos en reducir al máximo el tumor y mantener al enfermo vivo mientras dura la cirugía. Debemos ser muy conscientes de que una operación de este tipo conlleva riesgos extremos. Las convulsiones, las hemorragias o las infecciones se podrían cebar con el enfermo. No duden que habrá gérmenes patógenos al acecho. Algunos se pondrán en guardia solo con leer este humilde artículo.

La verdad es que cuando tenía 14 años y barnizaba mis construcciones de sencilla madera de pino, quedándome absorto viendo los cambios de apariencia de las vetas, nunca hubiera imaginado a un coronavirus barnizando el mundo. Ahora, este singular barniz, me ha hecho ver con claridad que:

El muro que separa a los españoles de su futuro es la hipertrofia de los partidos políticos

Estamos en un momento crucial de la historia del mundo y de España. Es muy importante que seamos conscientes de la criticidad y complejidad de lo que está pasando. Necesitaremos hacer uso de todo nuestro coraje pero también de toda nuestra inteligencia y serenidad para crear y legar ese futuro.

No tengo ninguna duda de que lo que vamos a vivir es una revolución y creo imprescindible que nos esforcemos en que sea una Revolución Serena.

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