¿Cuántos loros comen de nuestro chocolate?

A veces, no sé si os ha pasado alguna vez, cuándo propones ahorrar gastos en un tema concreto, alguien te responde “eso es el chocolate del loro”. Normalmente la conversación suele terminar ahí. Llegamos a la conclusión de que nos estábamos fijando en temas menores con el riesgo de no enfocarnos en lo importante.
Después de muchos años gestionando asuntos empresariales más o menos complejos, yo me he acostumbrado a no abandonar tan rápido el asunto. Es muy buena costumbre hacerse algunas preguntas: ¿Cuántos loros tenemos? ¿Cuánto gastamos en chocolate? y una muy importante (me podéis llamar colmillo retorcido) ¿el que me ha contestado gana algo con el consumo de chocolate?
Puede ser que gastemos tanto en chocolate que solo nos dedicamos a ganar dinero para comprar chocolate y se nos ha olvidado cuales eran los fines reales.
Mark Rutte muy directamente (es holandés) y Stefan Löfven más disimuladamente (es sueco) le acaban de decir a Pedro Sánchez que cuando tenga problemas en casa no mire fuera, que arregle los problemas de la casa.
Mi madre, muy aficionada a los refranes, usaba mucho aquello de “una buena capa todo lo tapa”, en nuestro caso, el gran drama del COVID-19 puede servir de excusa a los que no quieren que analicemos el gasto en chocolate.
Y yo, uniendo los tres temas, creo que tenemos que pararnos a analizar el gasto en chocolate, no dejarnos desorientar por la capa del Coronavirus y dar las gracias al holandés y al sueco par sacarnos de nuestras alucinaciones.
Sí, les doy las gracias. Este país, esta querida España nuestra, lleva ya demasiados años sin mirar de frente los problemas, sin coger el toro por los cuernos. Las ayudas misericordiosas de Europa desde 1986, han conseguido que algunos no pasen penalidades y que unos cuantos se hagan ricos, pero lo peor es que han provocado que los políticos se dediquen mucho más a buscar su chocolate en Bruselas que a ayudarnos a hacer que España no necesite, al menos de forma crónica, la limosna europea.
Las razones para que España necesite mucha más ayuda que Austria, por ejemplo, no empezaron con la llegada del COVID-19, ni siquiera provienen de los clarísimos fallos de gestión de la pandemia que han cometido los múltiples e ineficaces gobiernos de España.
Las razones reales están en dos clases de nuestra sociedad:
1. Una clase política incapaz e indolente que concentra sus esfuerzos en hacer de plañideras frente al mundo, en pelear y disfrutar por los puestos que significan privilegios, en diseñar estrategias para permanecer en ellos y conseguir que la gente siga creyéndose lo del chocolate del loro, y
2. Una élite social, inteligente, bien formada y bastante poderosa que no ha dudado en renunciar a sus principios, hacer el juego a los políticos y demostrar, sin pudor, que les importa mucho más el golf y el yate que su país y sus compatriotas.
Por todo esto agradezco la bofetada nórdica y recomiendo a todos los españoles, empezando por la élite, que levanten la cabeza, cojan el toro por los cuernos y empiecen por preguntar

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