30.000 millones de euros para comprar votos

La hipertrofia de los partidos políticos se ha convertido en el muro que separa a los españoles de su futuro

¿Que os parecería si el Congreso de los Diputados votara unos Presupuestos Generales del Estado que asignaran 30.000 millones de euros para que los partidos pudieran dar empleo a 560.000 incondicionales y asegurar así que serán votantes fieles de los respectivos partidos?

Dando un buen sueldo a esas 560.000 personas, reservándose los partidos la capacidad de despedirlos arbitrariamente en cualquier momento, se asegurarían la fidelidad de voto a su pagador. Además, sin duda, cada una de estas personas se esforzará en influir en su entorno para conseguir más votos para el partido del que depende su salario. Digamos que cada empleado de partido puede influir en 3 o 4 personas: la mujer o el marido, un hijo, el cuñado, un amigo. Por lo tanto, con este método, por cada puesto de libre designación creado podrían conseguir en torno a 4,5 votos. Resumiendo, reservar en los PGE 30.000 millones de euros para emplear en personal designado libremente por los partidos les garantizaría 2.520.000 votantes fieles.

2.520.000 votos no son pocos. Son, aproximadamente, el 10% de los votantes de la Elecciones Generales de 2019. Son 140.000 votos más que los que consiguió Podemos en esas elecciones. No cabe duda que una decisión así, detraer 30.000 de otros temas para conseguir votantes fieles, sería una medida muy interesante para los intereses de los partidos políticos.

Evidentemente una decisión como esta sería conveniente para los partidos pero muy mala para los ciudadanos. Tendría un montón de efectos muy negativos para el país: distorsionaría profundamente el valor de las elecciones, metería en la administración una cantidad importante de personas que no pasa ningún filtro formal de selección y, sobre todo, restaría esos fondos (30.000 millones de euros) de otros fines muchos más lógicos y beneficiosos para los ciudadanos.

Para apreciar la importancia de una medida así es bueno entender que otras cosas se podrían hacer (o se dejarían de hacer) con ese dinero. Por ejemplo, si pensáramos en dar un ingreso a familias que estuvieran en riesgo de pobreza, con esos 30.000 millones de euros cada año podríamos pagar, indefinidamente y sin impacto en el deficit, 500 euros al mes a 5.000.000 de personas. Han leído bien 5 millones de personas. Otra opción sería dar una paga extra a todos los sanitarios que tanto se han esforzado en la pandemia, con esos 30.000 millones de euros podríamos dar 35.000 euros extras a cada uno de los 900.000 sanitarios españoles. ¡Una verdadera exageración! También podríamos dar una ayuda directa a cada uno de los 280.000 establecimientos de hostelería de España. Con esos 30.000 millones podríamos dar más de 100.000 euros a cada uno de esos locales. ¡Otra exageración!

Pero hay otra opción. Evitando dar a los partidos esos 30.000 millones podríamos repartir ese importe y pagar 500 euros al mes a un millón de personas para sacarlos de las colas del hambre (6.000 millones de euros), dar una paga extra de 5.000 euros a los 900.000 sanitarios (4.500 millones de euros) y dar una ayuda directa de 50.000 euros a los 140.000 establecimientos de hostelería más afectados por la pandemia (7.000 millones). Con este reparto aun nos sobrarían 17.500 millones de euros que podríamos dedicar a invertir en investigación o en construir centros de enseñanza o en algo muy lógico, abrir oposiciones para incrementar 400.000 funcionarios en las administraciones públicas que hagan las funciones que no van a hacer los 560.000 designados por los partidos pero sin los inconvenientes de la “libre designación”.

Hasta aquí todo muy interesante y lógico. Pero os traigo muy malas noticias. Lo lamento muchísimo. Me encantaría deciros que podemos tomar la decisión sobre que hacer con esos 30.000 millones pero no es verdad.

Esa medida de gastar 30.000 millones que solo beneficia a los partidos y perjudica a la sociedad española ya se ha tomado. Es muy lógico que se haya tomado porque la toman los partidos y eligen lo que les beneficia.

Lo siento mucho. No podemos ayudar a los que están en las colas del hambre ni dar paga extra a nuestros sanitarios ni dar ayudas directas a la hostelería ni invertir más en investigación, ni construir centros de enseñanza ni incrementar el número de funcionarios. No podemos porque los partidos, con nocturnidad y alevosía, han decidido que les conviene más dedicar esos 30.000 millones anuales a pagar a 560.000 fieles que les pueden garantizar más de 2.500.000 votos en cada “fiesta de la democracia” que celebran. Digo celebran porque no creo que los ciudadanos tengamos muchos que celebrar.

En el siglo XVIII la sociedad decidió acabar con el absolutismos de los reyes. Las monarquías, con la coartada de que su poder emanaba del cielo, habían acaparado todo el poder político y económico. Hemos tardado un poco en entender que el problema real no eran las monarquías sino su hipertrofia.

En el siglo XXI tendremos que acabar con el absolutismo de los partidos. Estos, igual que las monarquías en el siglo XVIII, ha llegado a un nivel insoportable de concentración de poder político y económico. Igual que los reyes argumentaban su derecho al poder por su identificación con Dios, los partidos nos dicen que se merecen ese poder absoluto porque ellos son la democracia. Los dos argumentos son falsos.

Para acabar con el poder absoluto de los reyes en el XVIII hicieron falta mucha sangre y muchos muertos. Acabar con el poder absoluto de los partidos con más razón y menos muertes depende de nosotros. Levantemos la cabeza, dejemos de mirar hacia otro lado, hagamos frente al problema y apuntémonos a la #RevolucionSerena

La hipertrofia de los partidos políticos se ha convertido en el muro que separa a los españoles de su futuro

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